Su céntrica ubicación en una faja estrecha del continente americano ha hecho de Panamá un país abierto al comercio internacional y a las actividades complementarias.
El Canal, la carretera y el ferrocarril interoceánicos, que unen los océanos Pacífico y Atlántico en una distancia de sólo 80 kilómetros, ha propiciado el desarrollo de actividades que han hecho de Panamá un importante centro bancario; de seguros y reaseguros; de servicios marítimos; de zonas libres de tarifas aduaneras e impuestos tanto para la distribución de mercancías como para industrias de exportación; y de servicios legales, administrativos y contables, entre otros.
Con un sistema monetario basado en el dólar norteamericano, libre transferencia de fondos del y al extranjero, inexistencia tradicional de gravamen a las actividades offshore con el impuesto sobre la renta y un régimen flexible para la creación y operación de corporaciones, Panamá es, desde principios de siglo, una jurisdicción ideal para constituirse en punto focal de actividades internacionales.
Su régimen democrático, respetuoso de la propiedad privada, de la independencia real del Órgano Judicial, constituyen garantía para el inversionista nacional o foráneo.
Su economía basada en la apertura de mercados, sigue la corriente moderna hacia la globalización, llevando a Panamá a integrar la Organización Mundial del Comercio y a negociar su inserción en mercados más amplios, ya sea mediante acuerdos bilaterales o multilaterales.